
Queridas Hermanas, Asociados(as) y Amigos(as),
Mi apostolado cerca de los refugiados haitianos fué para mí un gran privilegio y al mismo tiempo una experiencia inolvidable. Estoy muy agradecida por su apoyo y su oración.
Es muy difícil verbalizar mi experiencia en Florida, no encuentro las palabras para describirla. Mi corazón fué sobrecogido por una gama de emociones: sufrimiento, alegría, amor y empatía.

Mi primer encuentro fué con una pequeñita que corría alegremente y se entretenía gozosamente. Hoy, 21 de Abril, celebra su segundo aniversario. Al momento del temblor de tierra, estuvo atrapada bajo los escombros durante cinco días con su madre y otros tres adultos. Ella fué la única sobreviviente. Una niña milagro, pero a qué precio ! Tenía heridas en la cabeza, su rostro desfigurado, el brazo derecho amputado y no veía ya por el ojo derecho.
Otra niña de ocho meses estaba herida gravemente en la cabeza, por delante y en un lado. Esta niña quería saltar sobre mis rodillas. Su madre es muy cariñosa, dulce y bella.
Varios adultos con amputaciones por encima o por debajo de la rodilla avanzan en silla de ruedas o en muletas ; otros tuvieron gran variedad de heridas. Una joven mujer liberada de debajo de los escombros después de tres días, tenía la rodilla izquierda muy mal, el glúteo desollado y la cadera rota ; además estaba embarazada de seis meses ! Inútil decir que estaba traumatizada ; fué llevada a Florida con otros pacientes.
Tres meses más tarde, dió a luz un niño sano. Después de estar cuarenta días en el hospital, me confiaron el niño. Yo sentí entonces que era un instrumento en las manos de Dios. Tal vez no era el mejor instrumento, pero el instrumento con el cual se debían contentar por el momento. Alguna vez les ha sucedido esto ? « Falta de mejor, miedo de peor ». Antes, teníamos un máxima para todos los días del mes. El séptimo día leíamos esto : « Si Dios quiere servirse de mí, El sabrá dónde y cómo encontrarme ». Yo estaba allá, pero con alguna resistencia, porque dudaba de mis capacidades. Me sentía atraída y esto me impulsó a arriesgar. Gracias a Dios, no tenía otro camino que dejarme llevar por lo desconocido.

Encontré la mamá cuatro días después del nacimiento del niño. Cansada, cojeaba todavía y caminaba con muletas. A la mañana siguiente el bebé estaba bajo mi tutela. La mamá no mostró ninguna emoción. Por su lado, Jeremías era un ser perfecto, daba patadas, se estiraba y bostezaba, sobretodo, su sonrisa me emocionaba. Cuando se despertaba o entre sus comidas, yo le hablaba. Era muy lindo ! Lo quiero mucho ! Dios estaba muy presente con su alegría en todo esto y en el juego del niño que no tenía ninguna preocupación por la situación.
En el rostro de los adultos se podía leer el sufrimiento y la tristeza de haber perdido todo lo que poseían : sus casas, sus comercios, su familia, los amigos y para muchos también sus propios miembros. Ahora deben vivir en otro país, en otra cultura. Pero también se podía leer la esperanza y la gratitud de haber sido socorridos y llevados al hospital para cuidados urgentes. Ahora, viven en apartamentos donde forman ya una comunidad, agradecidos por la ayuda que recibieron y llenos de esperanza en el futuro.
Yo no pude impedirme de ver al niño Jesús en este pequeño bebé que cuidaba. Algunas veces, cuando le hablaba y le decía que Jesús lo ama mucho y que también fué un bebé como él, su boquita tomaba la forma de un corazón para sonreírme. Qué regalo !
Sister Theresa Gibson, DW
Fin de articulo (T4)
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